GENEALOGÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
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EL CLERO EN LA ORGANIZACIÓN TERRITORIAL DE GALICIA.

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        Si la influencia del clero fue importante en la organización territorial de los reinos de la Península Ibérica, en Galicia lo fue mucho más pues, aún en nuestros días, sigue organizándose por parroquias. Resulta complicado, por ello, separar la administración civil de la eclesiástica. Para Carlos Galbán (1), la delimitación territorial de las parroquias del siglo IX coincidía con la de los commissos del siglo X.

        Cada parroquia, gestionada por un párroco, se hacía cargo de varias feligresías administradas, cada una de ellas, por un sacerdote. Éstos recibían dos tipos de ingresos: los diezmos, recogidos del culto en las iglesias, y, por otro lado, la parte que recibía del señor u obispo dueño del territorio donde se hallara la iglesia, de los tributos que pagaban los vecinos (2).

        Las parroquias se agrupaban en arcedianatos (Cornado, Salnés, Trastámara y Nendos para el obispado de Santiago) cuyo máximo responsable, el arcediano, debía rendir cuentas ante los obispados que, en Galicia, eran: Santiago, Mondoñedo, Lugo, Ourense y Tui. Si a estos obispados añadimos La Coruña y Betanzos, que eclesiásticamente pertenecían al obispado de Santiago, tenemos las siete provincias administrativas de Galicia existentes hasta el siglo XIX  (2).

 

Feligresía → parroquia → arcedianato → obispado → arzobispado


        El obispo está asistido por un grupo de personas que se llaman canónigos entre los que destaca el deán, que hace las veces de presidente o mano derecha del obispo (2).

        Mención especial merece el obispado de Santiago (arzobispado desde Gelmírez) pues, tras la primera commisso real concedida a los obispos, se convirtieron en dominus del Obispado (1): Alfonso II aprovechó el hallazgo del sepulcro del apóstol Santiago (año 829) para establecer dos comunidades monásticas en el lugar, convertirlo en sede episcopal y establecer un señorío jurisdiccional de tres millas; Ordoño I amplió el señorío a seis millas en el año 858; Ordoño II a doce millas en 915 y en el año 924 se amplió con el territorio de Montaos, Bergantiños, O Salnés, Ulla y otras. En tiempos del Obispo Gelmírez se completó el espacio entre los ríos Ulla y Tambre (3).

        El Señorío de Santiago era, por su antigüedad y extensión, el más importante del Reino de Galicia (4). Su dominio señorial estaba reservado para los prelados compostelanos cuya jurisdicción civil y criminal era tan amplia, por privilegio especialísimo, que en él no tenía entrada la justicia real, ni siquiera para perseguir o juzgar los delitos más graves, como homicidios, raptos, etcétera (4)

        Hasta ahora nos hemos referido al clero secular, que era el que se ocupaba del culto, la administración de sacramentos, la función evangelizadora y el tan necesario servicio espiritual; pero no podemos olvidarnos del clero regular, compuesto por las órdenes religiosas instaladas en monasterios en el entorno rural o en conventos extramuros de las ciudades. Priores y abades benedictinos, franciscanos y dominicos llegaban a administrar tantas rentas como algunos de los grandes señores de las casas nobiliarias (2).

3 de marzo de 2018

 

Datos de:

 

1.- GALBÁN MALAGÓN, Carlos J.: Arquitectura militar y aspectos constructivos de las fortalezas bajomedievales. Origen, función y evolución de las fortalezas de Altamira, Vimianzo y Cira. Universitat de Barcelona. 2011. Páginas 59-61.

2.- AMADO CASDELO, Marcos E.: Poder, dominio e sangue. A Linaxe Bermúdez de Castro, Señores de Montaos. Edición do autor de Abril de 2017. Páginas 16 y 17.

3.- BARREIRO SOMOZA, José; El Señorío de la Iglesia de Santiago. Gran Enciclopedia Gallega. Silverio Cañada editor. Santiago. 1984. T. 28. Páginas 32 y 33.

4.- PARDO DE GUEVARA, Eduardo: El Mariscal Pardo de Cela. Editorial Alvarellos. Lugo, 1981. Páginas 51 y 52.