GENEALOGÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
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MOSCOSO: ALONSO, RODRIGO Y FERNÁN EN LA CONTIENDA S. XIV.

 

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        La frontera entre el señorío de Altamira y el de La Tierra de Santiago nunca estuvo bien definida o, si lo estuvo, no satisfacía la codicia de sus propietarios. No es casual que los Moscoso, señores de Altamira, procuraran tener siempre algún pariente en el Arzobispado o en La Pertiguería de Santiago.

 

         Cuando comenzó a reinar Pedro I, el arzobispo de Santiago era Gómez Manrique quien, en 1355, colaboró con el monarca enviando hombres y recursos en su ayuda. En 1362 Gómez Manrique tuvo que hacerse cargo del arzobispado de Toledo dejando libre la Silla de Santiago que ocupó Suero Gómez de Toledo.

 

         En 1366, en pleno conflicto con Enrique de Trastámara, se celebró un Consejo en Santiago presidido por Pedro I. Allí se descubrió que el arzobispo Suero Gómez mantenía informado a Enrique, por lo que decidieron asesinar al arzobispo.

 

         La Silla del arzobispado volvía a quedar vacante y el candidato tenía que gozar de la confianza plena del Rey y que conociera bien la Tierra de Santiago: Alonso Sánchez de Moscoso. Este nuevo arzobispo consiguió cierta estabilidad en Santiago pero falleció al año siguiente. Afortunadamente, los Moscoso tenían otro candidato: Rodrigo de Moscoso, quien, según Eduardo Pardo, se apresuró a poner todo su poder y prestigio al servicio de la causa legitimista: cuando Pedro I había perdido casi todos sus apoyos, el arzobispo hizo un llamamiento a los caballeros de la Tierra de Santiago para servicio de nosso Señor el Rey et servir a nos por las terras et coutos que teedes.

 

         Los caballeros convocados no acudieron al llamamiento sabiendo que era una causa perdida y esperaban la victoria de Enrique de Trastámara, que no se hizo esperar: apenas dos meses después Pedro I moría en Montiel.

 

         “A rey muerto, rey puesto” debió pensar el arzobispo pues, una vez entronizado Enrique II, Rodrigo de Moscoso se sometió a él rápidamente y concedió la Pertiguería de Santiago a Pedro, sobrino de Enrique II. A cambio consiguió, para el arzobispado, el privilegio de acuñar moneda.

 

         Lamentablemente, el nuevo Pertiguero Mayor resultó nefasto: cometió secuestros y asesinatos, puso y quitó jueces a su albedrío, recaudó impuestos en Santiago, Pontevedra, Noya y otras villas… Además se encargó de las encomiendas de numerosos monasterios entre los que estaban los de San Juan de Poyo, San Julián de Moraime y Santa María de Sobrado.

 

         EL arzobispo Moscoso ya no pudo hacer nada y murió en 1382.

 

         Le sucedió en el arzobispado de Santiago el, hasta entonces, obispo de Burgos, Juan García Manrique, hijo de Garci Fernández Manrique, sobrino de Gómez Manrique, obispo de Toledo que había sido arzobispo de Santiago en los primeros años del reinado de Pedro I (como se vio más arriba).

 

         Este nuevo arzobispo se mostró más firme con el Pertiguero, en parte apoyado por el nuevo monarca, Juan I, ya que Enrique II falleció en 1379.

 

         Gracias a ello consiguieron arrebatar la Pertiguería de Santiago a Pedro Enríquez y se la concedieron a Fernán Sánchez de Moscoso, hermano de los anteriores arzobispos.

 

         Desde entonces Los Moscoso de Altamira monopolizaron la Pertiguería de Santiago, (fueron Pertigueros, además de Fernán Sánchez de Moscoso, su nieto Ruy Sánchez de Moscoso, su bisnieto Ruy Sánchez de Moscoso, y su  quinto nieto Lope Sánchez de Moscoso…), lo que les llevó a no pocos enfrentamientos con los arzobispos de Santiago que se verán más adelante.

 

Datos de:

 

- PARDO DE GUEVARA, Eduardo: El Mariscal Pardo de Cela. Editorial Alvarellos. Lugo, 1981.

 

- PARDO DE GUEVARA, Eduardo: Los Señores de Galicia. Fundación Pedro Barrié de la Maza. La Coruña, 2000.