GENEALOGÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
La web de los Bermúdez de Castro

CONSTANZA DE CASTRO Y RUY DÍAZ DE ANDRADE.

 

 

I.- CONSTANZA DE CASTRO.

 

            5 de diciembre de 1611. Iglesia Conventual de San Francisco de Vivero, Lugo. Una cuadrilla de canteros se dispone a trasladar el sepulcro de doña Constanza de Castro fallecida más de cien años antes. Al levantar la tapa quedaron espantados de ver de la suerte que estaba el cuerpo. El dicho cuerpo y toda su armadura y uesos se alló todo ello trabado lo uno de lo otro y sin que faltara cossa alguna hasta ni la punta de la nariz. (Información y autos sobre el allamiento del cuerpo de doña Constanza de Castro, difunta, y de los milagros suios. Archivo Ducal de Alba, Sección de Lemos C-248-209)

            Seis años más tarde, don Pedro Fernández Zorrilla, obispo de Mondoñedo, ordenó se averiguasen en estas cosas por escrito y con asistencia de tres theólogos que diesen çerca de ello su parecer. Los vecinos aseguraban haber visto muchos milagros tales como dar vista a ciegos, pies y manos a tullidos, salud a enfermos y vida a quasi muertos.

            Desde entonces el Martirologio Franciscano conmemora a la beata el día 14 de junio y consagra a su memoria estas palabras: “Genere, virtute ac sanctitate illustrisima”.

IMAGEN IDEALIZADA DE LA BEATA CONSTANZA DE CASTRO

Pintura de Camilo Díaz Baliño, el mismo que pintó los frescos de la cúpula de la Capilla de la Misericordia en 1916.

Esta misma imagen fue utilizada por SARGADELOS® para las placas conmemorativas del V centenario.

(Datos y fotografías de Carlos de Odriozola y Rico-Avello)

 

 

             A pesar de la trascendencia del suceso no ha sido posible, hasta el momento, establecer la ascendencia de la beata ni la de su marido. Alguna pista nos pueden dar los emblemas heráldicos labrados en el sepulcro: los seis roeles de los Castro y los lobos de los Osorio.

Sepulcro de la BEATA CONSTANZA DE CASTRO en la Iglesia de San Francisco de Vivero.

(Fotografía de Carlos de Odriozola y Rico-Avello)

 

 

            Teniendo en cuenta la fecha de muerte de la beata (finales del siglo XV) estos emblemas no podían haber sido utilizados más que por descendientes o parientes muy cercanos de los primeros condes de Lemos, que fueron don Pedro Álvarez Osorio y doña Beatriz de Castro. Consta así, por ejemplo, la utilización de dichos emblemas en los sepulcros de doña María de Castro y don Alonso de Castro, hijos ambos de los primeros condes de Lemos, enterrados en la iglesia conventual de San Francisco de Villafranca del Bierzo. Sin embargo no ha sido posible encontrar, en documentos referidos a los primeros condes de Lemos, ninguna referencia clara a alguna hija de éstos con el nombre de Constanza de Castro.

            Según Eduardo Pardo de Guevara el esquema genealógico de los condes de Lemos sería el siguiente:

   

            Si recopilamos los datos que disponemos relativos a la beata es posible que nos acerquemos a descubrir su identidad: según los pergaminos que aparecieron bajo la cabeza del cadáver, el cuerpo pertenecía a doña Constanza de Castro. Sus descendientes, que habían ordenado el traslado del sepulcro, aseguraban que fue señora del coto de Silán (Muras, Lugo) y que su esposo fue don Ruy Díaz de Andrade, señor de San Pantaleón das Viñas, que murió heroicamente en la toma de Granada.

 

 

 Fotografía de Ángel Gómez-Iglesias Casal

 

            En el Fondo Familiar Bermúdez de Castro del Archivo Provincial de La Coruña se conserva una carta que, según el encabezamiento, fue escrita en 1450 desde Granada por don Ruy Díaz de Andrade a su mujer poco antes de morir en batalla. En ella se puede leer: “…sende viés teu cuñado Pedro Pardo…”

            Si ese Pedro Pardo fuera el famoso Mariscal Pardo de Cela y si la beata fuera, como dice la carta, su cuñada, ésta podría ser hermana de la mujer del Mariscal, que era doña Isabel de Castro, hija de los condes de Lemos. Según esto la beata sería también hija de los condes de Lemos, lo que explicaría la presencia de los emblemas heráldicos en el sepulcro.

            En otro lugar de la carta se lee: “…que sabes que tua irman agora esta en Zendemil…”. Cendemil era una de las fortalezas que pertenecía, cómo no, al Mariscal Pardo de Cela, por lo que todo parece indicar que el referido Pedro Pardo y el Mariscal eran la misma persona.

            En dicha carta se lee también: “cría teus fillos hasta que sean de idade”. De esto se deduce que en 1450 el matrimonio tenía hijos menores, es decir, que no llevarían casados más de 18 años. La beata tendría, por entonces, menos de 40 años por lo que podría haber nacido no antes de 1410.

 

            Contrastemos ahora estos datos con los referidos a las Constanzas de Castro homónimas que aparecen en la época relacionadas con los condes de Lemos:

 

  • Algunos autores (López Ferrero, Manuel Amor Meilán, Ramón Otero Pedrayo…)  han confundido a la beata con la hija del Mariscal Pardo de Cela. Teniendo en cuenta que sus abuelos, los condes de Lemos, casaron en 1433, la hija de éstos y esposa del Mariscal (Isabel de Castro) tendría, como máximo, 17 años en 1450. Con esa edad podría ser madre de la beata, pero ésta no podría tener hijos.

  • Existió también una Constanza de Castro hija natural de Pedro Enríquez y, por tanto, medio-hermana del duque de Arjona y de Beatriz de Castro. De esta mujer sabemos que fue señora de Cedeira y que murió hacia 1427, por lo que tampoco podría ser la beata.

  • Fadrique, el mencionado duque de Arjona, parece que tuvo una hija natural llamada también Constanza de Castro. De esta mujer no tenemos apenas datos. De existir la supuesta hija, ¿llamaría  cuñado al Mariscal Pardo de Cela?

 

II.- RUY DÍAZ DE ANDRADE.

 

            Para estudiar la figura de don Ruy Díaz de Andrade, esposo de la beata, es necesario dibujar someramente el panorama gallego del siglo XV.

            La débil monarquía de Castilla no fue capaz de controlar la creciente codicia de los nobles gallegos. Los vasallos se veían obligados a pagar abusivos tributos cuando nacía un hijo, cuando se casaban o incluso cuando se moría algún familiar. Si se cometía algún delito sin que se supiera su autor también debían pagar al señor; si se abrían las tierras para el cultivo, la tercera parte de los frutos del primer año y la cuarta los restantes; por habitar cerca de las fortalezas de los grandes señores estaban obligados a poner a su servicio los carros, vacas, bueyes… siempre que aquél los reclamara.

            El extremo de estos abusos se vio reflejado en la figura de don Nuño Freire de Andrade que provocó, en 1431, la sublevación de sus vasallos que llegaron a destruirle varias fortalezas y le obligaron a salir huyendo a pedir refuerzos. Una vez sofocada la revuelta (llamada I Revolución Irmandiña), las represalias no fueron misericordiosas en absoluto.

            Esta violencia desenfrenada e impune no se limitaba a las relaciones de vasallaje sino que eran permanentes también entre los distintos señores. Es lo que algunos autores han denominado el “bandolerismo nobiliario”.

            Uno de los enfrentamientos más sangrientos entre grandes señores fue el que protagonizaron don Fernán Pérez de Andrade (hijo de Nuño Freire) y don Pedro Álvarez de Osorio (el que sería proclamado, años más tarde, I Conde de Lemos). En este conflicto se vio involucrado nuestro Ruy Díaz de Andrade como veremos más adelante.

            Todo comenzó en el verano de 1441 cuando el príncipe don Enrique ordenó a don Pedro Álvarez de Osorio que confiscara las villas de Pontedeume, Ferrol y Villalba a don Fernán Pérez de Andrade. La misión resultó más complicada de lo esperado porque el de Andrade gozaba de gran poder e influencia y el conflicto se prolongaría durante años con muertes, robos e incendios.

            Por fin, gracias a la mediación del conde de Benavente, se firmó un acuerdo de perdón por ambas partes en 1443. Fernán Pérez presentó como juez a nuestro Ruy Díaz, que por entonces era merino en las tierras de Andrade. Lamentablemente en 1448 el conde de Benavente cayó preso acusado de conspirar contra el rey, circunstancia que aprovechó Fernán Pérez de Andrade para convertir en papel mojado el acuerdo de paz que había firmado con Pedro Álvarez de Osorio.

            Sin embargo aún tenía un obstáculo que salvar para sus ambiciosos planes: don Ruy Díaz de Andrade. Para deshacerse de él lo envió a Granada, donde murió.

            En la carta que envió a su mujer poco antes de morir no deja dudas respecto la traición sufrida: “…e dirás a Fernán Pérez que esto non llo merecía darlle eu ayuda y el destruirme.”

 

            Como dato curioso señalaremos que la lanza personal de Ruy Díaz de Andrade (partesana) fue cedida por uno de nuestros antepasados al Museo del Ejército. Fue expuesta en el año 1958 en Toledo en el IV centenario de la muerte de Carlos V (1558-1958). En el inventario venía citada así:

 

“Partesana que perteneció a Ruy Díaz de Andrade y Bermúdez de Castro, que murió en la Vega de Granada el año 1540. De hoja triangular de dos filos; mide 70 cm. De longitud por 10 cm. En su parte más ancha.”

 

            Puestos en contacto con los responsables del museo nos notificaron que en la actualidad aparece inventariada con el Nº 30354 y fue presentada en Valencia en la exposición de “Tirant le Blanc”. En la actualidad no se encuentra expuesta en el museo, por lo que si alguien desea verla aconsejamos que se ponga en contacto con el mismo antes de desplazarse allí.

 (Fotografías del MUSEO DEL EJÉRCITO, gracias a las gestiones realizadas por José Luis Sampedro Escolar y Eduardo García-Menacho)

 

        Según un antiguo inventario del Museo había sido donada por José Mª Bermúdez de Castro y Pardo (dato aportado por Carlos de Odriozola y Rico-Avello).

 

 

Datos de:

 

  • E. PARDO DE GUEVARA Y VALDÉS. El mariscal Pedro Pardo de Cela. Lugo, 1981.
  • E. PARDO DE GUEVARA Y VALDÉS. Los Señores de Galicia.2000.
  • J. DONAPETRY IRIBARNEGARAY, Historia de Vivero y su Concejo, Vivero, 1953.
  • Información y autos sobre el allamiento del cuerpo de doña Constanza de Castro, difunta, y de los milagros suios. Archivo Ducal de Alba, Sección de Lemos C-248-209.