GENEALOGÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
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ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LAS HERMANDADES.

 

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EL SECUESTRO DE ALONSO DE FONSECA

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siguiente: LA REBELIÓN IRMANDIÑA

         Como se puede ver en los capítulos anteriores, la situación en Galicia se estaba volviendo insostenible: el aumento de poder de los grandes señores y la impunidad con que actuaban, hacía casi imposible cualquier intervención de la Corona.

 

         La población se vio obligada a organizarse para combatir tantos robos, abusos y maltratos. Se movilizaron entonces las llamadas Hermandades que ya tenían cierto recorrido histórico, que analizaremos a continuación.

 

         En la Alta Edad Media, la Hermandades surgieron por motivos espirituales y buscaban una mejor convivencia en pequeñas comunidades.

 

         En el siglo XII, con el desarrollo de las ciudades, las Hermandades de comerciantes y mercaderes ofrecieron cierta cohesión para el ejercicio de su actividad con la suficiente seguridad. Estas asociaciones chocaban con los intereses de los Señores que poseían el gobierno municipal y, por ello, las Hermandades comenzaron a involucrarse en revueltas urbanas como las de Sahagún (1085-1117) y Santiago (1115-1117), de la que ya se trató anteriormente.

 

         A finales del siglo XII y principios del XIII, las Hermandades se fueron organizando con un cuerpo directivo constituido por los llamados Alcaldes que actuaban en una jurisdicción propia con unas milicias concejiles que tanto colaboraban en la Reconquista como repelían cualquier otro peligro.

 

         Posteriormente las Hermandades se fueron extendiendo entre parejas de municipios cuyo objetivo era garantizar los derechos de los habitantes de una ciudad cuando uno se encontraba en otra, proteger los intereses de ganado y pastoreo y establecer una especie de justicia intermunicipal.

 

         El aumento progresivo del bandolerismo obligó a fijar castigos contra el robo de ganado, con lo que la creación de Hermandades vino a cubrir unas necesidades de protección, defensa y justicia que la Corona no había satisfecho.

 

         En los periodos de Guerra Civil (entre Alfonso X y su hijo Sancho, la minorías de edad de Fernando IV y Alfonso XI, el final del reinado de Enrique IV…) la inestabilidad política de la Corona llevaba aparejada un cese de actividad de las instituciones de justicia reales. Surgen, entonces, las primeras Hermandades Generales que apoyan a uno de los pretendientes. La primera Hermandad General se formó en 1282 en apoyo a Sancho.

 

         En 1295 se formó la Hermandad de los Reinos de León y Galicia en la que aparece una cláusula por la cual, si un ladrón se acoge a una Casa Fuerte, el Señor debe entregarlo, y si se niega, la Hermandad procederá contra él.

 

         Nótese que la filosofía de las Hermandades se mostraba colaboradora con la Corona pero no tanto con la nobleza aunque el objetivo de las Hermandades era, todavía, la salvaguarda de los intereses económicos.

 

         En defensa de esos intereses se designó un cuerpo de cuadrilleros obligados a llevar armas para acudir más rápidamente cuando sus servicios eran requeridos. Además se puso en marcha un sistema organizativo con Juntas compuestas por todos los miembros de la Hermandad en las que los Alcaldes actuaban como magistrados en los juicios de los detenidos por los cuadrilleros (1).

 

         Con la victoria de Enrique II (1369) y la donación de señoríos plenos, aumenta la posición económica y social de los grandes señores en perjuicio del campesinado (2): por un lado, en muchas ciudades que habían sido de realengo y pasaron a dependencia señorial, se produjeron algunos levantamientos pero siempre aislados y locales (3); por otro lado, el bandolerismo se fue identificado, cada vez más, con la nobleza y resultaba difícil saber cuándo las bandas de ladrones actuaban para sí mismos o lo hacían al servicio de algún noble o, al menos, amparado por éste (4).

 

         Y así llegamos al turbulento siglo XV y sus numerosas Hermandades:

 

-  En 1418 se creó la Hermandad de Santiago en cuya acta fundacional se lee: Por cuanto en a dita cibdade e en outras partes deste arzobispado se facían e querían facer moitos roubos, furtos e outras forzas por mingua de xustiza e esto por quanto noso señor o arzobispo de Santiago don Lope agora de presente esta ydo á a corte do noso señor rey e por quanto él e os moradores da dita cibdade e arzobispado agora non podían ser tanben gardados nen defensos en direito e justicia sen para facer ermandades… (5) Esta hermandad protagonizó una revuelta en 1421 que fue rápidamente sofocada (6).

 

- Conocida es, también, la revuelta protagonizada por los vasallos de Nuño Freire de Andrade en 1431 (que ya se analizó en su lugar) y fue la primera que tenía un carácter antiseñorial claro y en la que se derribaron fortalezas (7).

 

         Estas agitaciones antiseñoriales no eran exclusivas de Galicia: la Hermandad de Álava también se levantó en 1443 con el mismo objetivo principal de destruir fortalezas nobiliarias y también en Vizcaya en 1455 y en Guipúzcoa en 1457: se levantaron las Hermandades de la provincia de Guipúzcoa contra todos los parientes mayores, no acatando ni a Ones ni a Gamboa porque facían e consentían muchos robos e maleficios en la tierra, en los caminos e en todos los lugares e efeziéronles pagar todos los maleficios e derribáronles todas las casas fuertes, que una sola no dejaron en toda la provincia (8).

 

         Pero la situación más preocupante estaba en Galicia, tanto que obligó a intervenir al mismísimo Papa Calixto III con una bula expedida el 4 de mayo de 1455 en la que excomulgaba a los hombres que, como asesinos en el reino de Galicia alquilan a otros para asesinar seglares y clérigos para apoderarse de sus bienes, cometen robos de iglesias, ganados y otras maldades que por ausencia del monarca o de otros gobiernos temporales quedan impunes (9).

 

         En términos parecidos se ratificó Paulo II en 1466: los sacrílegos y criminosos del reino de Galicia se apropian de las propiedades de los monasterios, quitándoles sus tierras y vasallos… en la más completa impunidad y en los lugares rurales expolian los animales y raptan a las gentes (10).

 

         Con esta situación, la Rebelión Irmandiña no se hizo esperar.

 

Datos de:

 

1.- BECEIRO PITA, Isabel. La Rebelión Irmandiña. Akal Editor. 1977. Páginas 97-100.

 

2.- Ídem página 35.

 

3.- Ídem página 37.

 

4.- Ídem página 102.

 

5.- Acta del consistorio celebrado en Compostela el 18 de julio de 1418. Publicado en el tomo VI de la Historia de Galicia, de B. Vicetto… y citado, después, por BECEIRO PITA, Isabel. La Rebelión Irmandiña. Akal Editor. 1977. Página 83.

 

6.- BECEIRO PITA, Isabel. La Rebelión Irmandiña. Akal Editor. 1977. Página 84.

 

7.- Ídem página 89.

 

8.- GARCÍA DE SALAZAR, Lope; Bienandanzas e fortunas. T. LV, página 174. Citado en BECEIRO PITA, Isabel. La Rebelión Irmandiña. Akal Editor. 1977. Página 33.

 

9.- LÓPEZ FERREIRO, A.: Galicia en el último tercio del siglo XV, pág. 20. Citado en BECEIRO PITA, Isabel. La Rebelión Irmandiña. Akal Editor. 1977. Página 118.

 

10.- Bula de Paulo II, Archivo General de Simancas. C-60, 176. Citado en BECEIRO PITA, Isabel. La Rebelión Irmandiña. Akal Editor. 1977. Página 118.