GENEALOGÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
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GALICIA CON LOS TRASTÁMARA.

 

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NUÑO PÉREZ DE GONDAR Y PERO BERMÚDEZ

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PEDRO ENRÍQUEZ, CONDE DE TRASTÁMARA

 

         A principios del siglo XIV, los grandes señoríos laicos eran, en su mayoría, poco importantes (1). Enrique II se encargó de aumentar el poder señorial: algunas villas que habían sido de realengo pasaron a depender de la jurisdicción señorial gracias a las mercedes enriqueñas; los campesinos, de propietarios, pasaron a depender social, económica y, a veces, jurídicamente, de los grandes señores; el desarrollo del mayorazgo generó aldeas jornaleras desprovistas de toda participación en la propiedad de la tierra; todo ello provocó un empeoramiento progresivo del campesinado y un ascenso de la posición económica y social de los grandes señores.

 

         Las compras, foros, casamientos, encomiendas de monasterios y usurpaciones del rey y otros nobles fueron los medios habituales por los que fueron amasando su gran poderío (2). Los grandes señores cometieron abusos y delitos nobiliarios que, casi siempre, quedaban impunes.

 

         En Galicia, el hombre más poderoso era Pedro Enríquez, sobrino del monarca como hijo de Fadrique (hermano gemelo del Rey), a quien Enrique II se apresuró a nombrar Conde de Trastámara y Lemos y, poco después, en 1372, se convirtió en Pertiguero Mayor de Santiago. En 1376 recibió la villa de Sarria con su jurisdicción (3). Este nuevo sustituto de los Castro, puesto que ocupaba los títulos y cargos que habían ocupado éstos durante siglos, demostró demasiado pronto que sus maneras iban a ser diferentes: se convirtió en el despiadado comendero de numerosos monasterios entre los que estaban los de San Juan de Poyo, San Julián de Moraime y Santa María de Sobrado; ponía y quitaba jueces a su albedrío, recaudaba impuestos en Santiago, Pontevedra, Noya y otras villas como si fueran suyas, cometió secuestros exigiendo fuertes cantidades de dinero por el rescate, incluso ordenó asesinatos… (4)

 

         Si bien, por su poder, el caso del sobrino de Enrique II podía ser de los más sanguinarios, desde luego, no era el único que cometía abusos: Pedro Ruiz Sarmiento, Adelantado Mayor de Galicia y Señor de Rivadavia por merced de Enrique II, usurpaba los beneficios de Osera, Celanova, Meira, Mondoñedo, Santa Comba de Naves, Ribas de Sil, Samos y San Clodio de Rivadavia (5).

 

         Otros muchos caballeros estaban acusados de apropiarse de los bienes de los monasterios: Fernán Pérez de Andrade, Lope Pérez de Moscoso, Martín Sánchez das Mariñas… (6)

 

         Fernán Pérez de Andrade, por ejemplo, ocupó tierras propiedad de los monjes de Sobrado para construirse su propio castillo (7).

 

         Pero los monasterios no eran los únicos que sufrían abusos: Los hermanos Mariño de Lobería tenían usurpada la fortaleza de Vimianzo desde que su abuelo, por ser hombre poderoso, se los había quitado a fuerza de armas a sus legítimos dueños (8).

 

         La situación cambió con la muerte de Enrique II en 1379: el nuevo monarca, Juan I, no fue tan condescendiente con la nobleza: entre otras cosas, en 1380 ordenó a Pedro Enríquez que abandonara la encomienda de la Iglesia de Mondoñedo (9) y en agosto de 1383 se le privó de la Pertiguería Mayor de Santiago (10).

 

         Lamentablemente, la guerra con Portugal y la repentina muerte de Juan I en 1390, víctima de un accidente montando a caballo (11), entronizó a Enrique III quien, aunque intentó poner freno a la anarquía nobiliaria, no podía dejar de lado el grupo social dominante en esa sociedad: durante su reinado, la concesión de señoríos fue pequeña comprada con los entregados por su abuelo, pero la enajenación del realengo tuvo que llevarse a cabo para premiar a los nobles que lo ayudaron en las luchas contra sus parientes y a los portugueses que se desnaturalizaran tras la ruptura de relaciones con la corona lusa (12).

 

         En esa situación se llegó al turbulento siglo XV gallego: con una nobleza cada vez más poderosa e intocable y una monarquía débil demasiado ocupada en los asuntos de la corte.

 

 

 

Datos de:

 

 

1.- BECEIRO PITA, Isabel. La Rebelión Irmandiña. Akal Editor. 1977. Página 75.

 

 2.- Ídem páginas 35, 36, 56 y 75.

 

3.- PARDO DE GUEVARA, Eduardo: Los Señores de Galicia. Fundación Pedro Barrié de la Maza. La Coruña, 2000. Página 212 y 213.

 

4.- Ídem páginas 215, 216 y 219.

 

5.- Ídem página 229.

 

6.- Ídem páginas 218.

 

7.- MARTÍNEZ-BARBEITO, Carlos: Torres, Pazos y Linajes de la Provincia de La Coruña. Editorial Everest. 1986. Páginas 58 y 60.

 

8.- PARDO DE GUEVARA, Eduardo: Los Señores de Galicia. Fundación Pedro Barrié de la Maza. La Coruña, 2000. Página 261.

 

9.- Ídem página 217.

 

10.- Ídem página 219.

 

11.- Ídem página 229.

 

12.- BECEIRO PITA, Isabel. La Rebelión Irmandiña. Akal Editor. 1977. Página 36.